Las lecciones para la vida que podemos aprender de Steve Jobs

Steve Jobs ha despertado sentimientos encontrados en muchas personas. Mientras su espíritu emprendedor y su capacidad para los negocios son de admirar, en ocasiones sus acciones parecían más bien contradictorias o, incluso, caprichosas, y bajo un secreto absoluto.

Pero lo cierto es que Steve Jobs es una persona complicada de entender y, como la mayoría de nosotros, su personalidad tiene muchos aspectos y puede pasar, de un momento a otro, de raro a intenso o pasional, creativo, injusto, conciliador o distante. Pero para entender mejor al hombre que hay detrás del genio de Apple, Lance Ulanoff ha seleccionado, en Mashable, 20 lecciones para la vida que podríamos aprender de Steve Jobs.

Cuando el joven Steve Jobs quería construir algo y necesitaba piezas, iba directamente a la fuente: “empezó dándose cuenta de que quería construir un contador de frecuenta cuando tenía doce años, y podía buscar a Bill Hewlett, fundador de HP, en el listín telefónico y llamarle para pedirse las piezas”, recoge la biografía de Isaacson.

Steve Jobs se dio cuenta pronto de que si no te gusta cómo son las cosas en tu vida o en tu mundo, las tienes que cambiar, ya sea a través de una acción o de la fuerza del deseo.

Steve Jobs era, hasta cierto punto, un hippie, pero a diferencia de muchos de los espíritus libres de los 60 y 70, Jobs era un obseso del control: “Quiere controlar su entorno, y ve el producto como una extensión de sí mismo”.

Jobs podía llegar a ser duro y desconsiderado. Pero Jobs, a medida que fue creciendo y enfrentándose a la mortalidad, empezó a admitir sus errores. “He hecho muchas cosas de las que no estoy orgulloso, como dejar embarazada a mi novia cuando tenía 23 años y la manera en que traté con eso”.

Aunque Jobs no siempre era consciente de las reacciones de los que le rodeaban, lo cierto es que no tenía demasiadas ilusiones acerca de sus increíbles capacidades. “De repente un descubrimiento más desconcertante empezó a pasársele por la cabeza: era más inteligente que sus padres”.

Jobs no era una persona especialmente religiosa, pero sí un buscador que perseguía la iluminación espiritual y la purificación de su cuerpo, y tampoco rechazaba categóricamente la existencia de un ser o un lugar más allá de los límites de la tierra.

El fundador de Apple se hizo famoso por sus arrebatos y sus respuestas, en ocasiones, demasiado emocionales.

Lo quisiera admitir o no, Steve Jobs empezó a darse cuenta de que él no podía hacerlo todo. A pesar de que sí podía tener un gran impacto sobre cada producto y cada campaña de marketing que se hiciera en su compañía, también era consciente de que había personas en el mundo con capacidades que él no tenía. La asociación entre Jobs y Wozniak es un ejemplo perfecto de esto.

En demasiadas ocasiones las compañías y los directivos apuestan por empleados medios, mientras que Jobs apostó por el talento y determinó que cualquier conflicto que pudiera generarse por una compañía llena de empleados de primer nivel se contrarrestaría por la calidad de su trabajo.

Steve Jobs estaba tan centrado en ser él mismo que no tenía ni idea de cómo le veía la gente, especialmente el su época hippie: “en las reuniones teníamos que ver sus pies sucios”, recordaba primer presidente de Apple Mike Markkula.

A lo mejor Jobs era una persona un poco apestosa y desagradable, pero también se entrenaba para poder mirar fijamente sin parpadear durante largos períodos de tiempo, lo que le hizo descubrir que podría persuadir a la gente para que hiciera cualquier cosa, por muy imposible que pareciera.

 

Jobs no era un verdadero programador ni tecnólogo, pero tenía un conocimiento intuitivo de kla tecnología y el diseño capaz de alterar las expectativas de los consumidores hacia la informática y los productos electrónicos.

Steve Jobs tenía una confianza muy fuerte en su propio gusto y creía con certeza que, si le gustaba algo, al público también le gustaría. La verdad es que la mayoría de las veces tenía razón.

 

A lo largo de toda su carrera, Steve Jobs cogió cualquier oportunidad que se le presentase. A su vuelta a Apple, en 1997, muchas compañías del sector empezaron a buscar maneras de diversificarse, mientras que la estrategia de Jobs fue completamente contraria: centrarse en muy pocas áreas y hacer que la compañía vaya en una única dirección, la que Jobs creía que le daría el éxito a Apple.

 

En toda su carrera, desde la informática hasta las películas, buscaba la forma de crear grandes iniciativas. “Hay una cosa clásica en el mundo de los negocios, que es el síndrome del segundo producto. Pasé por eso en Apple. Pensaba que, si podíamos hacer nuestra segunda película, lo habríamos conseguido”.

 

Los buenos jefes y líderes tienen que estar dispuestos a trabajar duro, pero también a tomar decisiones impopulares. En cuanto a Jobs, parece que al genio de Apple no le preocupaba mucho gustar, por lo que estaba preparado para tomar decisiones duras.

 

Steve Jobs odiaba las presentaciones de PowerPoint, pero sabía que una presentación atípica y elegante para un producto era algo crítico.

 

Steve Jobs supo cómo hacer de sus diferencias con el resto del equipo de Apple algo útil, marcando un espacio de seguridad.

 

Incluso cuando estaba luchando contra el cáncer, Jobs nunca se vino abajo. Eso sí, la enfermedad le ayudó a centrar sus esfuerzos y seguir algunos de sus grandes sueños.

 

Steve Jobs no era un alma filantrópica, sino un apasionado de los productos y del éxito. Y lo cierto es que no fue hasta que empezó a estar bastante enfermo que decidió compartir su conocimiento con otros de la comunidad tecnológica.

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